Antes Despues

Ahora vivimos los dos solos en nuestra isla. Desgraciadamente mis padres murieron hace tres veranos, cuando visitaron otra isla vecina y se contagiaron de fiebre amarilla. Nunca más regresaron.

-Meg. ¿Te apetece coger el timón? Hoy las aguas están tranquilas. El viento sopla a nuestro favor. ¿Te has fijado cuántas gaviotas revolotean alrededor? Seguro que por aquí hay buena pesca.

-Tomaré el timón y tú debes echar las redes al mar. Esta noche puede que cenemos pescadito asado. Últimamente no hemos tenido suerte y estoy un poco cansada de alimentarnos con frutas y vegetales.

-No te preocupes hermanita, seguro que pescamos un tiburón y tenemos para unos cuantos días. Sigue rumbo Norte acabo de divisar unas nubes en el Sur. No quisiera enfrentarme a una tormenta con esta barquichuela. Debimos coger la grande.

-Alex podemos soportar hasta un huracán. Será pequeña pero su armadura es muy resistente. Recuerda que papá siempre nos decía que esta embarcación  es muy segura.

-Es cierto. Echaré el ancla a estribor y esperaremos pacientemente a llenar las redes.

-Vamos a descansar un rato. Hemos salido muy temprano antes casi de la salida del sol.

-Como quieras Meg. Unas horas dormitando nos vendrá muy bien.

En cubierta con el balanceo del barco nos quedamos dormidos.

Un fuerte estruendo nos sobresaltó. La tormenta se aproximaba.

Alex y yo recogimos las velas y las redes, algún pez nos alimentaría más tarde.

Elevamos  anclas y pusimos rumbo a Ikawue.

Las olas iban aumentando de tamaño costaba manejar el timón. Alex me apartó con nerviosismo.

-Alex ya diviso la playa, gira a barlovento no vayamos a chocar contra las rocas del acantilado.

-Ayúdame Meg, la corriente es muy fuerte.

Llegamos a la costa con mucho esfuerzo y agotados.

Nos habíamos librado por muy poco de la terrible tormenta que se estaba formando.











.: Para seguir leyendo debe comprar el libro :.





Comprar Ahora